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domingo, 17 de julio de 2011

Indecisas

Pues que no sabemos qué decir, que estábamos aquí tan tranquilas y...
Bueno, a ver si lo cuento despacito: eso, que lo último que conté fue que el lunes hablamos por radio con aquel señor de Méjico y quedamos para hablar otra vez el martes a la misma hora cuando mi cuñado dejara de festejar -si es que se puede llamar así a decirse las tonterías que se deben de decir- con esa señora extranjera. Pues nos ponemos al habla por la radio en la misma frecuencia que el lunes:
-¿Me oye alguien?
Y nada.
-Señor mejicano que vive en el pueblo junto al volcán, ¿está usted ahí?
Y seguimos sin respuesta. Empiezo a tocar el botoncito de las frecuencias a ver si estaba en otro sitio:
-¡Cáspita!, ¿no hay nadie a la escucha?
Porque estos días he estado haciendo como Rebeca, pero en vez de decir Diantre como ella, para que no crea que me copio digo Cáspita, Córcholis y Caramba. Lo hago para ver si me salen tantos novios como a ella o se apunta tanta gente a mi blog como al suyo. Y si no lo consigo, empezaré a poner pinturitas en las entradas en vez de fotos y seguro que acabaré descubriendo su truco para ligar.
Pero ya me ha dado la llorera porque estoy hablando así de Rebeca y resulta que la chica lo estará pasando muy mal porque ayer nos enteramos de que los malos han matado a su padre. Lo leímos ayer y estuvimos hablando Rosario y yo porque no puede ser que nosotras estemos aquí poniéndonos cremita en la piscina y ella y Blanca anden perdidas por esas montañas y siempre a punto de que se las coman los monstruos esos con nombres raros.
Pero acabo de explicar lo del señor mejicano y luego cuento lo que hablamos Rosario y yo. Pues eso, que el martes no apareció el señor mejicano, ni el miércoles. Y nosotras preocupadas claro, que ya pensábamos que se lo había llevado algún pajarraco. Pero el jueves aparece y nos cuenta que lo del agua bendita que yo le había dicho no servía y que el mismo martes aún habían salido muchísimos más pájaros por el cráter del volcán, habían vuelto a atacar el pueblo, le habían roto la antena de la radio y la gente había tenido que esconderse dentro de una pirámide. Me explicó también que cuando pudo arregló la antena y se la llevó a la pirámide con la radio. Y habló con un señor de Venezuela que le dijo que lo de que el presidente Hugo Chávez, ese al que el rey le dijo lo de por qué no te callas, tiene cáncer es mentira y se lo ha inventado para marcharse a Cuba porque no se ve capaz de controlar el país, que unos bichos subterráneos, a lo mejor de los mismos que habla Rebeca, le han roto todos los pozos de petróleo.
Pero lo peor es lo de Rebeca, que estamos ayer noche tan tranquilas haciendo punto de cruz y, para descansar, me pongo a leer a las amigas y me entero de que ese señor ruso tan malo ha matado a su padre y ha secuestrado a su nuera, la que la va a hacer abuela. Se lo enseño a Rosario y nos ponemos las dos a llorar como unas magdalenas. Y voy y le digo:
-Pues no nos podemos estar aquí de brazos cruzados.
-¿Y qué vamos a hacer?
-Ir a ayudarlas, a ella y a Blanca. Si tú adivinas cuándo van a venir los monstruos y a mí los monstruos no me ven...
-Pero son los pájaros que no la ven, señora Pilar, y ellas hablan de otros monstruos, y unos van bajo tierra.
-Que no, que seguro que no me ven.
-Además, no sabemos exactamente dónde están.
-Sí que lo sabemos, que las dos lo han dicho. Están en unos pueblos que se llaman A, B, C y así, con letras del abecedario, como las calles de Nueva York en las películas americanas, que van con números. Donde están ellas los pueblos van con letras así que escribimos B en el GPS y llegamos derechitas.
-Eso si las carreteras no están cortadas.
Y en eso estamos ahora pensando, que no sabemos bien qué hacer.


martes, 12 de julio de 2011

Pajarracos en Méjico

Lo que contaba el otro día, que mi cuñado me pidió que me metiera en internet para ver si le conseguía una antena de radio lo suficientemente potente para poder hablar con una señora que está aprendiendo español y vive en uno de esos países del este de Europa que se han inventado hace poco. Yo ya le digo que no se fíe mucho de ella pero... Bueno, pues eso, que me meto en un foro de radioaficionados y un chico de Madrid me dice que tiene una antena telescópica de cuatro metros y que, aunque me la venda, no me la puede enviar porque no funcionan ni los servicios de mensajería ni los de correos, y es verdad, que en el pueblo hace días que no llegan ni las cartas de los bancos. Y me cuenta además que Madrid está hecho unos zorros, que el metro se ha convertido en un nido de todo tipo de monstruos y ni el ejército se atreve a entrar con tanques. O sea, más o menos lo que cuenta Rebeca de Bilbao.
Total, que le digo a mi cuñado lo que hay y, como está en un sinvivir con esa novia que se ha echado, se las ingenia yendo a la ferretería y comprando qué sé yo cuántos metros de tubitos de metal. Se sube al tejado con el soplete, se pone a soldar y le queda una antena de lo menos seis metros. Una vez puesta se va a hablar con el alcalde para pedirle permiso para instalarla según lo que se llama política de hechos consumados porque, claro, como es tan larga siempre puede salir un tonto neorrural de esos y decir que si rompemos el paisaje rústico. Le contamos al alcalde que, como ni la televisión ni la radio dicen nada de los ataques de los pájaros, la radio la queremos para ponernos en contacto con otros radioaficionados a ver si saben algo.
Y ayer estrenamos la antena: por la tarde dejamos solo a mi cuñado para que festejara a sus anchas con su novia bielorrusa o hercegovina o lo que sea y luego, después de cenar, como mi cuñado ya había acabado porque en esos países es una hora o dos antes y la señora ya se había acostado, nos pusimos Rosario y yo al aparato.
Seguimos las instrucciones que nos había dado mi cuñado y empezamos a girar despacio un botoncito, que es el que va buscando las frecuencias, a ver si oímos algo y así estuvimos más de diez minutos arriba y abajo preguntando también si alguien nos oía. Al cabo de esos diez minutos se oye una vocecita:
-¿Alguien me oye?
-Sí, nosotras, Pilar y Rosario, que estamos aquí.
-¿Dónde estáis?
-Pues aquí, en el pueblo.
-¿En qué pueblo, en qué país?
-Pues en España.
Y entonces me doy cuenta de que no era español porque hablaba parecido a como hablan las chicas que hacen la limpieza en las casas de Calatayud. Resulta que era un señor que estaba en Méjico.
Entonces nos cuenta que vive en un pueblo junto a un volcán y que el otro día empezaron a salir pajarracos -y tal como los describió eran igualicos que los de aquí- de dentro del volcán y atacaron todos los pueblos vecinos causando gran mortandad, que lo dijo así como si fuera un locutor de televisión. Y que como Méjico es un país de sálvese quien pueda, no podían contar con la ayuda de las autoridades y lo único que podían hacer era rezar a la virgen de Guadalupe.
Yo le expliqué que aquí también nos habían atacado los pájaros y cómo lo habíamos solventado con agua bendita pero que no toda el agua bendita sirve. Y así estuvimos hablando hasta que su señora lo llamó; y quedamos para esta noche a la misma hora en la misma frecuencia.
Y eso es lo que hay: y que en los blogs también me he enterado de todos los destrozos del norte. Ya digo que si Rebeca y Blanca con toda su tribu de novios, maridos y amantes se quieren venir por aquí de vacaciones...
Ah, y a Rebeca le doy la bienvenida al club de las abuelas.